Fiordos nórdicos en Kayak: un viaje que casi nos cuesta la vida.


LA BELLA E INASEQUIBLE NORUEGA

 

Aterrizados en Oslo después de un viaje de poco más de 3 horas, nuestro tiempo en la capital sería breve. La razón de tal brevedad, nuestro principal destino: Lysefjord en kayak.

Preguntado por lo más emblemático de la capital noruega, sin duda alguna le aconsejaría la opera, el parque Frogner y –si posees buena condición física- el Holmenkollbakken (salto de ski). No es que Oslo desmerezca nuestra visita, sino que Noruega posee innumerables sitios de naturaleza que os aseguro os dejaran con la boca abierta.

Opera de Oslo

Frogner

Frogner

Holmenkollbakken – Salto de ski olímpico.

 

El tren que nos llevaría a Stavanger –otro lado de Noruega- tardaba unas ocho horas, que gracias a los hermosos parajes se puede hacer ameno.

Para quien aun no conozca Stavanger, decir que es punto más cercano –turísticamente hablando- para poder retomar el viaje hacia Lysefjord (‘Fiordo de la Luz’).
A medio camino, a la altura de Kristiansand, Oscar entabló una tranquila charla con una mujer mayor que nos acompañaba en el tren.

– ¡Pregúntale cómo llegar de Stavanger a Forsand! – le indiqué a Oscar. Lugar donde empezaríamos la aventura en Kayak.

Forsand era un pueblecito al inicio de uno de los Fiordos más bonitos de Noruega, pero al parecer nadie sabía llegar hasta allí. Nadie hasta que conocimos a Kjetil, un amable estudiante que dirigiéndose a casa de sus padres por vacaciones –los cuales vivían en Forsand, ¡vaya casualidad!- se ofreció para recogernos a la mañana siguiente.
Una vez en destino, mi gratitud era tal, que mínimo pagarle el combustible. Kjetil amablemente rehusó el dinero, alegando ser sus invitados. A la vuelta, cuando finalizáramos la ruta en kayak, nos recogería su familia en el caso de que no se encontrara disponible. –»Recobre mi fe en la humanidad»- recordando tristemente la sociedad española un tanto egoísta e individualista.

 

Stavanger

 

PARA ENCONTRARTE A TI MISMO, PRIMERO DEBES DE PERDERTE

 

‘Kayak y manta’- es lo primero que le dije a Oscar. Ninguno de los dos sabíamos a lo que nos enfrentábamos cuando alquilamos el kayak doble (http://www.fjordexpedition.com) en un pueblo que ni los propios noruegos conocían.
Oscar guardó la comida y bebida en el bote estanco. En cada paleada temíamos caer a la salada e gélida agua de los Fiordos, pero en cuestión de minutos le cogimos el truco.

– ¡Cuidado, barco!, nos advertíamos cada  vez que pasaba un crucero a pocos metros de nuestra embarcación mientras nos intentábamos mantener en posición horizontal debido al oleaje producido por aquel gigante de hierro.

Recuerdo estar en forma, aunque también recuerdo tener un viento a favor considerable a la ida. Y sobre todo recuerdo la cara que puse cuando Oscar se dejó el avituallamiento y disponer únicamente de un botellín de agua de 33 cl y un plátano… en mitad de la nada.
Empecé a temer por mi vida –estábamos rodeados de agua salada y llevábamos mas de 4 horas remando-, absorbiendo poquito a poquito el diminuto botellín para racionalizar; el plátano lo dejaríamos a la vuelta.

 




 

LA SALVACION

 

Inimaginable sería la expresión mientras avanzábamos hacia el Preikestolen, rodeado de enormes paredes verticales a los lados; razón por la cual nos olvidamos de la sed.
‘¡Nada por aquí, nada por allá!’, estábamos perdidos a nuestra suerte […]. Hasta que vimos a unos chicos cocinando con un pequeño «camping-gas» junto sus piraguas entre las rocas.

-¡Water, please!, ¡un poco de agua por favor!, le mendigábamos mientras bajábamos del kayak.

Los chicos –suizos de nacionalidad- se rieron levemente de la situación, mientras nos indicaban que los acompañáramos. Del agua que precipitaba del deshielo se pusieron a beber a la vez que nos invitaban a probar añadiendo ‘pure water’.

‘Panolis’ – nos mirábamos Oscar y yo, rodeados del agua más pura que posiblemente habría probado en mi vida. Allí aprendí que la experiencia era un grado y nosotros unos simples principiantes.

 



 

A CONTRAVIENTO

 

Las seis horas remando bien habían valido la pena. Sobre nuestras cabezas a 600 m.s.n.m se encontraba el Preikestolen –una roca saliente con unas maravillosas panorámicas- que mañana iríamos a visitar.

Un fuerte golpe de viento nos azotó cuando giramos el kayak para regresar. Sabíamos que la vuelta sería dura con el viento en contra […] pero no tanto.
Seguimos el consejo que nos dieron: ceñirse a la orilla para cortar el viento. Nada de aquello resultó efectivo mientras remábamos con los hombros doloridos. Calculé nos quedarían unos 15 kilómetros.

 



 

SOL DE –CASI- MEDIANOCHE

Anochecía tarde, muy tarde. Nos preocupaba no tener cobertura en el móvil y que Kjetil llamara a los servicios de emergencia. Si la carrera de dos kilómetros en un taxi nos costó la friolera de cuarenta euros… no quería imaginar desplegar un helicóptero de salvamento para localizarnos.

Extenuados. Una sensación horrible de dolor en los hombros y una satisfacción personal increíble me embargaba cuando pisamos tierra. Nos habíamos jugado la vida […], pero qué más da; la historia se quedaría para la posteridad.

 



 

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