Chernóbil: El Angel de la Muerte radioactivo.


Chernóbil: 26 de abril de 1986

 

WINTER IS COMING

Posiblemente cansado del ambiente navideño de todos los años, la que era mi pareja y yo decidimos visitar a su familia. El destino: Ucrania.

Buscar lo invisible al ojo humano –recapitulaba- mientras programaba un sinfín de actividades en un destino tan poco habitual. Un breve escalofrió me recorrió, ‘invisible’ – pensé- formándose la triste y poco bien conocida de Chernóbil en mi mente.
¿Chernóbil?, pero ¿se puede visitar?, ¿no será peligroso?. La respuesta a todo es ‘depende’. Pero antes vayamos por pasos.

Chernóbil –para quien no lo sepa- es una ciudad que está situada al norte de Ucrania a poco más de cien kilómetros de Kiev y cuando digo «está» me refiero a que aunque parezca increíble posee un censo de unos 700 habitantes en la actualidad.
Por el contrario, Pripyat fue una ciudad modelo de la sociedad soviética construida expresamente para las familias de los trabajadores. Y digo «fue» porque en la actualidad es una ciudad fantasma con un acceso muy restringido.

 


 

EL ENEMIGO INVISIBLE

Recapitulemos. ¿Se puede visitar Chernóbil?. Sí, se puede visitar con los ‘muy controlados’ tours en ingles o ruso desde la capital ucraniana por un factible precio.
¿Es seguro visitar Chernóbil?. Es relativamente seguro si acatas las estrictas normas de seguridad que te imponen. Aun así, hay un riesgo y todo se basa en probabilidad.

En poco menos de dos horas arribamos al primer control de seguridad en una furgoneta únicamente con 8 personas. Un control de seguridad militar donde te pedirán tu pasaporte –previamente comprobado en la reserva- y una hoja firmada eximiendo a la empresa de cualquier responsabilidad –sentencia de muerte, pensé-. A este control llamémosle «anillo de seguridad nº1» y está situado a unos 50 km alrededor de la zona cero y donde aun se le permite a sus habitantes regresar.

En el «anillo de seguridad nº2», situado a 25 km alrededor de la zona cero, está terminantemente prohibida la habitabilidad de cualquier persona para los próximos 48.000 años. Únicamente se permite como zona laboral con un exhaustivo control temporal.
¿Control temporal?. Sí, porque los efectos nocivos de la radiación se miden en probabilística; así que quedarse con este unidad: Sievert.

El Sievert es una unidad que mide la cantidad de radiación que absorbe el organismo y mide su impacto en el mismo. Se considera que 100 mSv ( 1 Sievert son 1000 mSv) al año empiezan a producir efectos en el ser humano, 500 vómitos y 4000 la muerte.
Imaginemos una tasa de 3 miliSievert/hora. Esto quiere decir que con permanecer allí 32 horas estaríamos en el primer caso y permaneciendo 53 días moriríamos con total seguridad. Como anécdota en una de las zona alcanzamos los 77 miliSievert/hora, de la cual estuvimos tan solo segundos.

 

 

LAS REGLAS ESTAN PARA CUMPLIRARLAS

– ¡No toquéis nada! – indicaba la guia en un rus-english un tanto acentuado.

– ¡Cualquier cosa que se os caiga al suelo podéis darla por perdida!, ¡Ni se os ocurra cogerla!.

– ¡Prohibido traer comida y agua!, ¡Se puede contaminar!.

– ¡Limpiarse muy bien las botas de nieve al subir al vehículo! – finalizando con un malhumorado semblante tono de voz.

 

LIQUIDADORES: GENTE CON PELOTAS
«Los liquidadores fueron, son y serán los auténticos héroes del desastre nuclear. Personas que se enfrentaron a la radiación con uñas y dientes a pesar del peligro y el fatal e ineludible destino que les esperaba.»

Nuestra primera parada: los liquidadores. Los primeros liquidadores fueron los bomberos de la central, quienes sobrevolaron con el helicóptero la zona del accidente para evaluar daños y apagar el fuego. Estos pilotos morirían pocas semanas después a consecuencia de la radiación. Pero el nombre de «bio-robots» se lo ganaron aquellos liquidadores que tuvieron que despejar el techo semiderruido de la central de materiales radioactivos. Estas personas llegaron donde los robots se estropeaban debido a la radiación. Con ciclos de trabajo de apenas sesenta segundos y bajo un trabajo infernal, los liquidadores iban gritándose medidas y tiempos, avisándose y sustituyéndose para desescombrar y verter, abrir vías o colocar tubos.


 

La controversia planteada, y a la que por desgracia no creo que haya una respuesta clara es si los liquidadores –cerca de 600.000- realmente eran conscientes de los peligros a los que se exponían. Probablemente, algunos veteranos sí, otros jóvenes no tanto, cegados por la ilusión de no tener que prestar el servicio militar.
Algunos por honor, por sacrificio y por salvar a millones de personas sacrificaron a sabiendas su vida, entregándola en una muerte nada dulce.

Aun en la actualidad se conserva maquinaria con una alta contaminación que intervino en la zona.

 

DUGA 3: LA ESTACIÓN MILITAR SECRETA DE CHERNOBIL

Uno de los lugares dentro de la zona de exclusión menos conocido pero omnipresente en el horizonte es la antena de radar de una instalación militar secreta llamada Duga 3, justo a 10km a sur del reactor accidentado.

La base estuvo operativa entre 1976 y 1989, incluidos tres años después del desastre, durante los cuales los militares remanentes se tuvieron que “chupar” la radiación.







 

EXPLOSIÓN, ¿COMO SUCEDIÓ?

El 26 de abril de 1986 a la 1:23 h. de (Moscú) el rector numero 4 de la central nuclear, solo 90 minutos después de haberse decidido reducir paulatinamente la potencia de generación para iniciar un test en el circuito refrigerador del reactor 4, una suma de circunstancias atribuibles a fallas en los sistemas de control, la riesgosa desactivación del sistema de seguridad que supuestamente requería el test y la ineficaz actuación de los operadores ante la emergencia desatan la catástrofe.

A solo 2 minutos de haberse iniciado una incontrolada generación de vapor en el núcleo del reactor este queda fuera de control, superando en 100 veces los máximos admitidos; estallan por sobrepresión los conductos de alimentación y la coraza protectora de grafito del núcleo produciéndose un pavoroso incendio, y la expulsión al exterior de 8 toneladas de combustible radiactivo entre ellos radioisótopos de iodo I131 y de cesio, estos últimos con un periodo de desintegración promedio de 30 años, tras una doble explosión que destruye una parte del techo de la planta.

Las consecuencias de la catástrofe afectan a un área con casi 5 millones de habitantes, contaminando el 23% de la superficie de la vecina Bielorrusia, partes de Rusia y Ucrania y algunas regiones de Polonia, República Checa y Alemania.




 

PRIPYAT: LA CIUDAD FANTASMA

Fundada expresamente para dar hogar a los trabajadores de la Central Nuclear, Pripyat era conocida como la ciudad del futuro. Allí vivían unas 50 mil personas, que el mismo día 26 de abril caminaban por las calles de Pripyat sin saber del accidente en Chernóbil y sin haber recibido ninguna advertencia oficial sobre la necesidad de quedarse en casa.

Pasaron 36 horas desde la explosión en el reactor 4 hasta que la población de Pripyat fue desalojada. Los habitantes de la ciudad fueron avisados de la evacuación sobre el mediodía del 27 de abril, con un mensaje que no se detenía en muchas explicaciones: «Atención a los residentes de Pripyat. El ayuntamiento informa que debido al accidente en la central nuclear de Chernóbil, las condiciones radioactivas en los alrededores de Pripyat se están deteriorando […]. Con el objetivo de mantener a la gente tan segura y sana como sea posible, siendo los niños la prioridad, necesitamos evacuar temporalmente a los ciudadanos a la ciudades más cercanas a Kiev».

 

«Es altamente recomendable que se lleven sus documentos, algunas pertenencias personales, y algo de comida por si acaso […]. Todas las casas serán vigiladas por la Policía durante el periodo de desalojo» añadía el comunicado. «Camaradas, asegúrense mientras abandonan temporalmente sus casas de que han apagado las luces, los equipos electrónicos, el agua, y han cerrado las ventanas».

Pripyat está altamente contaminada, y continuará abandonada ya que el plutonio necesita más de 24 mil años para reducir al menos a la mitad su intensidad.






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